Colegios profesionales y códigos deontológicos

Por Jesús Aldalay Álvarez Campos

1.- ¿Qué fines destacas de los colegios profesionales como los más importantes para la sociedad y cuáles para el profesionista y sus pares o colegas?
Considero que uno de los fines principales, es la educación de los ciudadanos, a partir de un riguroso pero flexible plan de estudios bajo el cual, cualquier persona que desee obtener colegiación, obtenga las herramientas adecuadas para el buen uso de sus conocimientos adquiridos. Una sociedad en donde la gente obtenga colegiación, será una sociedad más educada, en la que, al menos idealmente (y eso es mucho decir), haya una mayor apertura al diálogo y a todo tipo de comunicación que nos proporcione llegar a acuerdos de manera más responsable y tolerantes.

2.- ¿Estás de acuerdo con la obligatoriedad de la colegiación?
No del todo. Considero que deberían existir en una sociedad, las condiciones de experiencia posible para que cualquier persona, de cualquier clase social y en cualquier lugar del país, puede colegiarse sin ningún problema. Sin embargo, implementar la obligatoriedad de la colegiación me parece un tanto drástico.

3.- ¿Crees que la obligatoriedad propiciará que las asociaciones profesionales se conviertan en entes monopólicos, en prejuicio del profesionista y de su libertad de trabajo? ¿Por qué?
El problema que yo veo con la obligatoriedad de la colegiación, s que muchas veces se implementarán estudios que están ligeramente al margen de los códigos éticos primeramente planteados, por ejemplo, en la Alemania nacionalsocialista, desde pequeños, a los alemanes se les obligaba a leer Mein kampf, y de la misma forma en China, el Libro rojo de Mao. Se supondría que idealmente, si la colegiación se vuelve obligatoria, esto proporcionará a los colegios cierta autonomía frente al Estado, pero también considero que, si el rector por ejemplo, está afiliado a cierta ideología perjudicial para el sano desarrollo ético; en una sociedad, se debe apelar a encontrar los valores de la igualdad y la libertad, por lo tanto, me parece que se le debería dejar al libre arbitrio del individuo, el poder de elegir si quiere estudiar o no.

 Conclusión
Como conclusión personal, nada más podría destacar el hecho de que es completamente importante replantearnos, nuevos horizontes interpretativos que brinden mejoras sustanciales (y no sólo aparentes) a la cuestión de la ética en las instituciones, y el deber ser ideal al que estas aspiran, sin dejar de lado la realidad concreta y la práctica en el mundo. Si no reflexionamos en torno a lo que debemos y no debemos hacer dentro de las aulas universitarias, los profesionistas terminarán convirtiéndose en máquinas llenas de conocimiento adquirido pero sin un balance moral. Necesitamos urgentemente, detenernos un poco y contemplar cual es nuestro deber como estudiantes o profesores y así paulatinamente, llegar a constituir, un mejor desarrollo de ambientes de aprendizaje en la sociedad y en el aula.

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